en la mesa del bar
que frecuenta cada día más triste;
él mismo se prohibe
ir al baño a esnifar
e invertir su hipoteca en alpiste.
Ha perdido ya el juicio
de tanto perder
las batallas que eran de ganar,

se consuela en el vicio
y se sienta a beber
pero nunca le verás brindar.
El liróforo llora en la barra
aferrandose a una guitarra,
le compone a su pena
diez versos quebrados,
la verbena del desamparado.
S.P
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